Tomás Elgafe
André Franquin.
Planeta DeAgostini.
19 Tomos.
9,95 euros cada tomo.
Valoración: 7 de 10.
El año pasado,
Planeta DeAgosini publicó una colección de 19 tomos con todas las páginas de
Tomás Elgafe. Páginas auto-conclusivas donde
Tomás, ayudante en la editorial donde curiosamente se publicaba (
Dupuis), metía la pata y nos hacía reír.
Lo cierto es que su autor,
Franquin, sacaba adelante cada gag de manera ingeniosa, con inventos cada vez más interesantes, pues
Tomás, con tal de entretenerse o hacer más ameno su trabajo, ponía en práctica su mayor hobby: inventar cosas.
Conforme avanzamos en los tomos, vemos la evolución del dibujo del autor, siendo el último de los más logrados y expresivos. El tomo 19 incluye chistes inéditos, dibujos, y páginas inacabadas, una curiosidad muy interesante.
Es divertido leer todos los números desde el primero, pues pese a ser páginas sueltas, vamos viendo la evolución de los personajes, cómo aparecen nuevos, para verlos más tarde en otras páginas y cogerles cariño. Muestra de ello es el gato de
Tomás, o su pez, o su gaviota, o el ratón de la oficina. No se por qué, pero tengo debilidad por los
crossover, y ver a
Spirou o
Fantasio en las páginas de
Tomás (y viceversa) me encanta.
Un pequeño defecto es el tratado de las portadas por parte de la editorial
Planeta. En las portadas, aparece
Tomás insertado sobre un fondo de color. Para que el color no se meta en el interior del dibujo del personaje, al parecer al usar el bote de pintura para darle color al fondo, han unido los trazos sueltos del dibujo con la herramienta de lápiz de, supongo, el
Photoshop, viéndose así pixels. Del mismo modo, hay "mentiras" en algunas partes, y se quedan blancas y no con el color del fondo.
Una pequeña pega que no había visto en otros cómics de
Planeta y que da algo de rabia, porque es muy fácil hacerlo bien.
La editorial pronto nos traerá más cosas de
Spirou, para final de año, pues comenzará con los tres primeros cómics dibujados por
Fournier y el recién creado por
Émile Bravo.
Pero no olvidemos a
Tomás Elgafe (curiosa traducción del nombre, por cierto, llamándose en Francia
Gastón ¿por qué ponerle aquí
Tomás?), pues si el mismísimo
Francisco Ibáñez, creador de
Mortadelo, se basó en
Spirou y
Tomás para crear a
Sacarino, por algo será ¿no?.