Lupus # 4
Frederik Peeters
Astiberri
16,50 €
Valoración: 9 de 10.
Cuando una serie es buena, te deja enganchado y no te quedas tranquilo hasta que lees el final. Pero cuando lo has leído ¿qué queda?. A veces frustración, a veces impotencia porque ya no hay más. Pero en este caso, te queda un buen sabor de boca, una satisfacción bien grande, de haber disfrutado de una historia de ciencia ficción, pero con un trasfondo personal y emocional que el autor la ha situado en el futuro porque así ha querido, pero que perfectamente podría ocurrir hoy en día.
Sin ceder en la calidad de su trabajo,
Frederik Peeters termina de contarnos la historia de
Lupus y
Sanaa, apartados de todo el mundo en una especia de hotel abandonado, donde
Lupus vivía en la infancia.
Sanaa insiste en dar un paseo por el espacio con un traje de astronauta, y finalmente lo hace. Efectivamente, la mosca estaba detrás de la oreja de
Lupus por algo:
Sanaa pierde mucha sangre y podría perder al niño, estando ya embarazada de 5 meses.
Después de haber sufrido tal y como sufren los personajes, y de haber soportado los cambios de humor de
Sanaa, se supone que por tomar lo que no debía, da a luz a un pequeño varón, hijo de
Tony, el fallecido amigo de
Lupus.
Cuando la pareja se decide a hablar con el poderoso padre de
Sanaa e intentar tomar las riendas de una vida legal y normal, la chica es secuestrada por los esbirros de su padre, dejando a
Lupus y al niño solos.
Nunca más volvería a ver a
Sanaa, pero
Lupus tampoco quiere insistir en ello. El hijo de
Tony va a parar a casa de su abuela, la madre de
Tony, y
Lupus trabajará en un laboratorio de biotecnología de un amigo de sus padres, con los que, al fin, se reencuentra después de mucho tiempo.
El tomo termina con un joven hijo de
Tony pescando y un amigo
Lupus que le tira una mano… que te deja una grata sensación al viajar por las viñetas.