Desde que volvieran a renumerar la serie regular de
Lobezno, han formado equipo artístico demasiadas parejas para la cantidad de números que se han publicado. Hagamos un poco de memoria.
La etapa
Millar-Romita fue más que brillante. Fueron los encargados de abrir fuego y se dedicaron a quemar el bosque más que otra cosa, porque pusieron al mutante canadiense contra la mitad del universo
Marvel y lo convirtieron en el enemigo público número uno de América. Grandioso, lastima que solo durara seis números.
Después cogieron el relevo
Akira Yoshida y
Shin Nagasawa en una maniobra un tanto surrealista por parte del editor (una cagada con todas las de la ley vaya). Menos mal que sólo estuvieron tres números.
Volvemos al redil y luego el testigo lo cogen
Daniel Way con el guión, cuya incorporación me parece bastante acertada viendo lo que hizo con Bullseye, y
Javier Saltares y
Mark Texeira en los dibujos. Hay que recordar que Tex tuvo una época bastante acertada en Lobezno tras saltar a la fama dibujando Ghost Rider. Este equipo se queda hasta el número trece (o doce más uno como dice Angel Nieto).
Después de un número de relleno de esos que me ponen de mala leche, el guión siguió en manos de Way pero Saltares y Texeira son sustituidos por
Steve Dillon hasta el diecisiete. Dillon es conocido sobre todo por ponerle rostro al reverendo Jesse Custer, aka Predicador, esa obra maestra de Garth Ennis.
Y ahora, entroncando con la macrosaga
Civil War, entran en escena nuevo guionista y dibujante. El primero será
Marc Guggenheim (como el museo) que al parecer, porque yo he de reconocer que para mí es un absoluto desconocido, ha firmado los diálogos de series como
El Abogado,
Ley y Orden o
CSI. Estoy un tanto desconcertado pero habrá que darle el beneficio de la duda. Y la llegada del segundo si que es motivo de alborozo, porque hace su entrada en la serie
Humberto Ramos, dibujando a Logan como solo él sabe hacerlo.
Una reflexión para acabar. Si no se ha llegado a la veintena de números, y ya han entrado y salido de los créditos cuatro guionistas y cinco dibujantes (sin contar el número de relleno claro esta), es que hay algo que no marcha. Otro día me pondré nostálgico recordando las largas estancias de
Claremont, Buscema, Hama, Silvestri o
Kubert que cimentaron la leyenda del canadiense más famoso del mundo.